Atelier Iris: Eternal Mana
En los últimos tiempos hemos ido recibiendo
varios juegos de rol estratégico en el catálogo de
PlayStation 2 de la mano de Nippon Ichi Software,
favoreciendo así la implantación de un género
tradicionalmente descuidado en occidente, que se ha
visto acompañado también de la llegada de juegos de
rol japoneses más tradicionales pero que no estaban
avalados por un gran nombre, juegos que hasta ahora
se quedaban de manera irremisible en Asia. No han
sido muchos títulos, es cierto, los que han llegado
hasta Europa sin contar con un gran nombre a sus
espaldas (pues, después de todo, tampoco son
demasiados los que, teniéndolo, siguen sin
llegarnos), pero es una situación que mejora, en
mucho, la que había en las anteriores generaciones
de consolas. Es éste, con todo, un género que sigue
siendo minoritario fuera de sus grandes cabezas
sagradas, como tantos otros, pero que con juegos
como el que nos ocupa ahora quizás vayan abriéndose
un hueco entre los gustos de los jugadores
occidentales estos grandes desconocidos.
Lo cierto es que Atelier Iris – Eternal Mana
no parece un juego destinado a ampliar el mercado de
este tipo de títulos, ya que tanto a nivel de
presentación gráfica como en su concepción y
desarrollo se nos desvela como muy tradicional, pero
es algo que podrá complacer a todos los devotos
seguidores del género que esperan ansiosos la
llegada de cada nuevo título a las tiendas.
Desarrollado por el grupo Gust, ésta es en realidad
la sexta entrega de una serie de juegos que se
inició en 1997, pero nunca hasta ahora habían salido
de tierras japonesas, pese a haber pasado por
múltiples consolas, tanto domésticas como
portátiles.
Esta entrega es, además, una de las más
tradicionales de la saga. Las anteriores se
centraban muy especialmente en las artes
alquimistas, la búsqueda de nuevos elementos, y la
progresión del jugador en ese sentido; Atelier
Iris – Eternal Mana, en cambio, pone en el
centro a los combates, haciéndolos capitales y
dándoles, en consecuencia, un gran peso específico a
lo largo de todo el desarrollo del juego. Esto no es
en absoluto malo, pero lo cierto es que hubiese
estado bien haber disfrutado de la jugabilidad y
objetivos algo más diferentes de sus predecesores,
aunque no tiene gran relevancia dado que nuestro
mercado no está precisamente saturado de títulos de
este tipo.
Eso sí, esto no significa que la alquimia,
entendida como la interacción y combinación de
diferentes objetos obtenidos a través de luchar
contra los enemigos o rastrear los escenarios haya
desaparecido, pues sigue muy presente en todo el
desarrollo del juego, que cuenta con unos 400 ítems
diferentes, que convenientemente combinados pueden
reportarnos de casi todo, incluyendo nuevos efectos
para la batalla y contenido extra para el menú. La
combinatoria se realiza a través de las tiendas de
síntesis, un sistema que nos permitirá indagar a la
búsqueda de recetas óptimas para conseguir objetos
de mayor calidad. Habrá, por descontado, ítems
secretos y especiales que añadirán un toque de
pimienta a todo este sistema de gestión de objetos,
que puede ser entendido como todo un juego en sí
mismo dada su profundidad e implicación en el
desarrollo del título.
El protagonista del juego es Klein, un joven
huérfano que se adentra en el mundo de la alquimia
en la tierra de Regallzine, donde los alquimistas
son pocos, pero poseen la capacidad de crear objetos
mágicos con la ayuda de las criaturas elementales
conocidas como mana. La mayoría de los alquimistas
pueden usar un mana, pero Klein es especial, tanto
que es capaz de usar hasta seis al mismo tiempo, una
habilidad tan misteriosa como especial que le depara
un destino como el de ningún otro. Y es que el mundo
está en peligro ante la amenaza de la resurreción de
un poder oscuro y arcano por obra del alquimista
Mull quien, arrastrado por su locura, cree que ese
poder maléfico salvará, de algún modo, a la
humanidad. Sólo Klein, acompañado de sus amigos,
podrá evitar el terrible desenlace. Por desgracia,
los textos están íntegramente en inglés, y la
ausencia de traducción a nuestro idioma puede
suponer una seria barrera para muchos jugadores
potencialmente interesados en difrutar de un nuevo
juego en un género no tan frecuentado como
desearían.
El desarrollo de la aventura será el clásico:
avanzaremos enfrentándonos a poderosos enemigos,
consiguiendo nuevos equipamiento mientras ampliamos
nuestros poderes mágicos buscando más criaturas
mana, a las que, por cierto, podremos premiar
extrayendo elementos de algunos de los objetos que
encontremos o creemos a lo largo de la aventura.
Estas criaturas, los mana, no sólo ayudarán a Klein,
sino que podrán ser equipadas en un personaje,
mejorando sus estadísticas mediante un proceso de
simbiosis entre ambos. Además, algunas de estas
criaturas concederán poderes especiales que nos
servirán para resolver algunas de las situaciones a
las que nos tendremos que enfrentar en determinados
momentos del juego, componiendo de este modo un
sistema de puzles bastante interesante.
Hemos dicho que podemos hacer regalos a los mana,
y no es algo baladí. Cada vez que usemos sus
habilidades para sintetizar nuevos objetos, o llevar
a cabo otras actuaciones, su poder se desvanecerá un
poco, así como su disponibilidad hacia ayudarnos.
Será, por tanto, esencial, mantener su ánimo y
energía siempre a buen nivel tratándoles bien y
dándoles regalos de vez en cuando. Esto no sólo
limita el número de veces que podemos usar nuestras
habilidades, sino que nos obliga a realizar un
planteamiento estratégico, ya que un recurso muy
poderoso puede sernos necesario más adelante, por lo
que conviene no malgastarlo en situaciones que no
sean, quizás, las más apropiadas. Un elemento muy
interesante para todo el sistema de juego, sin duda
alguna.
Atelier Iris – Eternal Mana está, como
habíamos dicho, orientado completamente hacia los
combates, hasta tal punto que apenas cuenta con un
par de núcleos poblacionales frente al amplio número
de mazmorras repletas de enemigos que salpican el
mundo en el que está ambientado, puntos todos ellos
unidos entre sí por caminos o transportes mágicos
(anillos de hadas) que nos llevarán automáticamente
de un lugar a otro. La progresión del juego es
bastante lineal, teniendo que superar una zona para
que se nos abra el acceso a una nueva, pero dado que
toda la fuerza de su desarrollo gira en torno a los
combates (muy frecuentes, y existentes en todos los
lugares menos los pueblos) no es sino una carencia
menor.
Los programadores han optado por un estilo
gráfico muy clásico, completamente bidimensional,
que se refleja tanto en escenarios como en los
combates. En las luchas controlaremos a tres
personajes simultáneamente, aunque podremos cambiar
a cualquiera por otro de los miembros de nuestro
grupo durante el desarrollo de la lucha, de manera
que si necesitamos una habilidad en concreto de otro
personaje, o deseamos distribuir el daño entre los
diferentes personajes, tenemos margen para hacerlo,
desarrollando unas tácticas de lucha de cierta
complejidad… desde luego, por encima de la media en
el género.
Es éste un juego de rol bastante extenso en su
duración, con una historia principal que puede
rondar las 20 horas de duración, sin realizar
ninguna de las misiones secundarias, si bien es
cierto que una parte importante de esas horas de
juego se nos irán en volver sobre nuestros pasos
para realizar pequeñas tareas que se nos pidan
llegados a cierto punto. Sin embargo, si el sistema
de síntesis nos engancha, y lo más seguro es que lo
haga, la rejugabilidad del título se verá muy
potenciada, ya que el volumen de misterios que
esconde es enorme, y las recompensas que nos dará,
ya sea en forma de galerías de imágenes o pistas de
audio, bien valen la pena si el juego nos ha
cautivado.
Pese a que hemos dicho que el juego presenta un
estilo gráfico de corte clásico, debido al uso de
gráficos bidimensionales, el diseño artístico es
francamente bueno, con escenarios variados, repletos
de detalles y elementos con los que interactuar, y
un buen diseño de personajes. Sus gráficos son
brillantes y coloristas, con buenas ilustraciones
que nos irán acompañando a lo largo del juego, pero
contrasta con el diseño del mapa del mundo en el que
nos movemos, apenas funcional. Los enemigos, en
cambio, pecan de diseños harto repetitivos, aunque
con algunas variaciones que en ocasiones resultarán
curiosas e incluso cómicas. Sin embargo, la tónica
general es aburrida y algo escasa de imaginación,
algo que se hace patente por el contraste con el
resto de los apartados artísticos. Algo similar
ocurre con el sonido, ya que las composiciones son
muy variables, yendo desde las magníficas hasta las
odiosas, todo ello aderezado con efectos de sonido
que cumplen si muchos alardes, como las voces de los
personajes (en inglés o japonés), no muy integradas
en el juego a nivel técnico, aunque sí en calidad de
doblaje.
Conclusiones
Estamos ante un buen juego de rol japonés, que
cumple con todos los valores y virtudes esperables
en el género. Sus diferentes personajes son muy
diferentes entre sí en el combate, lo que hace que
las luchas sean variadas y nos obligue a alternar
entre todos ellos en función de nuestras
necesidades, mejorando por tanto el aspecto
principal en el que se han centrado sus creadores:
las luchas. No destaca a nivel técnico, ni siquiera
puede considerarse como un estallido de
originalidad, pero el conjunto de pequeños aciertos
y ausencia de fallos notables hacen que, en su
conjunto, Atelier Iris – Eternal Mana sea, no
sólo un juego hermoso de ver en su concepción de
gráficos bidimensionales y divertido de jugar, sino
un título apasionante, lleno de secretos capaces de
cautivar al jugador que decida acercarse a él, pese
a no estar traducido al español.